Nos pasamos la vida entendiendo nuestro cuerpo,
adornando nuestras entrañas para que no parezcan tan feas.
Y un día, creyendo de llegar al punto de conocerte,
llega una persona que te da la vuelta.
Que se mete en tus manos
que te conoce mas que tú y no te has dado ni cuenta.
Caes en razón de que la vida no valió la pena antes de él
y si valió la pena fue para tener historias que contarle.
Porque quieres contarle todo,
tu mierda y tu poesía, tus hallazgos y tus muertes.
Quieres que te resucite y te llame para otra cita,
quieres que te convierta en su flor y que nunca te marchite.
Despacio, él también se desnuda
y te mete en su alma como si fuera la tuya.
Despacio también, dejan de ser la suma de dos.
La confianza toca en la puerta y ya no importa que te vea desnuda.
Olvidas que tenías una rutina lejos de esa persona
y te compras relojes nuevos para cambiarte las horas.
La hora de comer también es mas larga.
Vemos películas de comedia, y así, me olvido del drama.
Pasan los meses y ya no cuentas los días
porque el mejor invento es el momento como unidad de medida.
Hemos estrellado aviones con la mente en nuestros viajes,
perdido las identificaciones dos días antes de volar.
Hemos aprendido a volar sin haber comprado los billetes,
pero jamás nos quedamos en tierra porque nos entre el miedo a viajar.
Ya he terminado dos calendarios enteros en los que pone tu nombre
y sigo con las mismas cinco letras por la mitad del tercero.
Mi nombre tiene más letras y no sé como no te has cansado,
sobretodo de ver como en este tiempo mi pelo ha crecido y menguado.
Los ratos de bar nos conocen, nos han hecho compañeros.
Si quieres hoy puedo contarte tus más íntimos secretos,
puedo describirte tus monstruos o hacer un mapa de tu cuerpo,
mientras tú sabrías curarme las enfermedades a besos.
Cristina López.
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