No sé cómo cubriste mis vendas con tus manos
ni sé cómo te gustó verme sin ellas.
Las razones para marcharte eran muchas
pero decidiste quedarte y deshacer las maletas.
El sonido del despertador me ponía nerviosa
así que cambiaste las horas por abrazos,
la soledad por mariposas azules,
y el aburrimiento por tu prosa.
Yo
que lloraba versos enteros hasta terminar poemas.
Yo
que soy fruto de los consejos que nunca me dejaron entera.
Esa misma a la que acunaban despacio
porque la fragilidad la podía romper
abrió unas pequeñas alas un día
que le permitían levantar el vuelo para no volver.
Para no volver jamás.
Jamás.
"Jamás" es una palabra rara
que no me gusta emplear.
Es sinónimo de "nunca",
y cuando decimos "nunca"
no es para nunca jamás.
Y jamás quiero un "nunca" contigo
y nunca un "jamás" ser por ti.
Cambiar el "nunca" por tu nuca
y el "jamás" por tu jardín.
Cristina López.

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